EL NUEVO TREN DEL 2012
el 2 ene - 6 comentarios
Los hermanos japoneses, adelantados en el Amor, comenzaron el año cubriendo el cielo de globos para celebrar el nuevo año, en respeto a la sensibilidad del oído humano y animal, que sufre por la pirotecnia.
Algunas personas, no importa su nacionalidad, han sustituído en estas fiestas los derroches de comida y bebida por derroche de risas y diversión.
Muchos, gracias a Dios, este fin de año se acordaron de agradecer lo que tienen antes que pedir lo que les falta, en un ejercicio ya casi automático de mirar el vaso medio lleno que pudo haberle costado años alcanzar.
Una persona cuyo nombre no conozco se ofreció a acompañar a su amigo enfermo en el hospital, cambiando fiesta por silenciosa entrega.
Son muchos los nombres que no conozco y que poco importa mencionar. Estamos en un camino de hechos donde YO y TÚ somos parte de LO MISMO. Nos hemos subido a un tren que está silbando de alegría. Queremos cambiar el mundo porque estamos cambiando nosotros.
Nos comimos las doce uvas y seguramente once tenían que ver con el prójimo.
Que el 2012, con su mágico halo de cambio, nos pellizque todos los días las ganas de DAR AMOR. Lo demás viene solo ¿no?
¡MUCHAS FELICIDADES PARA TODOS!






Cuando era pequeña, esperaba la hora del «cuento de la tía Beba», que transcurría —ni más ni menos— dentro del gigantesco cuadro que coronaba la estufa de su casa. Seguramente Matilde, mi abuela, no lo había pintado con ese fin, pero aquel cuadro invitaba a recorrerlo, entre sus árboles, el puentecito y el camino hacia la choza, con la vista y el oído atento a la imaginación de la tía.
Cuando era pequeña, esperaba la hora del «cuento de la tía Beba», que transcurría —ni más ni menos— dentro del gigantesco cuadro que coronaba la estufa de su casa. Seguramente Matilde, mi abuela, no lo había pintado con ese fin, pero aquel cuadro invitaba a recorrerlo, entre sus árboles, el puentecito y el camino hacia la choza, con la vista y el oído atento a la imaginación de la tía.




