Hoy no quiero noticias de números, porcentajes ni asuntos de tránsito. No quiero saber nada de lo que publican las revistas científicas ni los diarios amarillistas, ni los sorteos, listas de tómbolas o logros profesionales. Ni premios, concursos, prólogos, tintas y presentaciones. Nada sobre el reloj del trabajo, la huella digital que me anuncia el "buen día", ni los verbos del crucigrama, calorías o valoración de estados nutricionales. Ni política, armamentos, guerras, programas, ni sociedad, ni suciedad alguna. No me interesan las mentiras de la historia, ni las crueles verdades del país, los hallazgos arqueológicos y la vacuna en proceso de descubrimiento. Hoy.
Es que en este momento me dedicaría a observar la técnica de construcción del pájaro que anida en el pino de mi jardín, solito y sin ayudante y que en pocos días concluye su notable creación.
O también, como lo he hecho, a observar a esa pareja de conocidos, que se gustan pero que todavía no se rozan la mano, cómo esperan el autobús deseando que demore, cómo ella le pide ayuda y él, con un encendedor sella la suela de su zapatilla, antes de colocársela como príncipe moderno en uno de sus delicados pies.
Hoy esperaría el instante en que el capullo se mueve, como con impulso divino, y se convierte en una rosa así como si nada, despertando esta envidia femenina crónica ante las flores y totalmente imposible de erradicar.
Hoy me alcanzaría, por todo el día, releer aquel mensaje, guardado en mi móvil, que decía "Hola Lucía donde nos podemos encontrar", y sonreírme cuando lo escucho decir "tirá todo, no guardes tantas cosas, Lucía".
Y me doy cuenta que todo estaba ahi, a disposición de mis ojos, para ser disfrutado. Tan sólo se trata de desplegar las antenas ante lo sencillo.
Es que a veces se nos va la vida en cuotas de basura, o de nada y la pagamos con un tiempo de oro...
Es que "hoy es tiempo todavía" dijo alguien y me dio ganas de plagiar su genio...