DE PUNTA Y PARA ARRIBA
el 20 nov En: cuentos de otros - 8 comentarios
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Cuento del inmortal JUCECA (orgullo uruguayo)
Fuente: www.juceca.com.uy
Hombre que supo ser asunto serio, un tal Placentero Dolido.
- ¿Asunto serio, pa qué?
- Espere que le cuento. Placentero supo estar de novio con Motoneta Menguante, hija del viejo Menguante, que cada vez que se levantaba de la siesta se alunaba, y ella, la nena, con el cuento de las influencias del apellido, dos por tres entraba en algún cuarto.
- ¿Y de Placentero, qué?
- A eso iba. Placentero salió flaco de físico y bobo de enamorado. Cuando no lo dejaba colgado una mujer, por bobo, lo dejaba colgado el viento, por flaco. Un hombre, Placentero, que si una mujer lo miraba medio fijo, se atacaba de los nervios y se le aflojaban las uñas, le chicotiaban las rodillas y quedaba medio sordo de los oídos.
- Sordo de la nariz no conozco.
- Por eso le digo. Y una noche va Placentero y estaba en un baile, en el Clú de Bocha y Cultural Arrimale con Cariño, cuando cayó la gente del boliche El Resorte, mamaus por unanimidá, que el más fresco era el barcino y llegó bailando el malambo.
- ¿El gato?
- No, el malambo.
- Me pareció que dijo el gato.
- ¿Gato bailando malambo?
- ¿Y malambo baila gato?
- El malambo es un baile.
- ¿Y el gato?
- Un felino. Y resulta que Placentero había llegado temprano, pa no encontrarse de sopetón con las mujeres, porque se impresionaba, y al impresionarse adelgazaba y la ropa le bailaba.
- Si uno va a un baile, hasta la ropa le baila.
- Estaba en un rincón, armando un tabaquito sin apuro, cosa de mirar pa abajo y no comprometer las vistas, cuando se oyó ruido de carro tirado por caballo con gato arriba.
- Arriba del caballo.
- Arriba del carro, en los brazos de la Duvija el gato, en compañía del elenco oficial del Resorte, y un forastero como actor invitado. La Duvija cayó vestida de pollera campanuda que le arrastraba y le sobraba por todos lados, como puchero en fuente chica.
- El que se desborda es el repollo.
- Satamente. Y la Duvija se había echado un perfume, que en cuantito entró al baile se desmayaron tres viejitos criollos pero sensibles y hubo que abrir las ventanas. Pa la madrugada, el tape Olmedo la sacó a bailar, y aquella pollera se desplegó, y en las vueltas llegó a levantar tanto viento, que justo a Placentero lo agarró mal parado y allá salió el pobrecito volando por una ventana. Hubo gente que le retiró el saludo porque esas no eran maneras de retirarse. Después, el tape Olmedo comentaba.
- La verdá que era tan flaco, que nunca hubo mucho pa saludar.
Orlando Goicoechea reconoce las maderas por el olor, de qué árboles vienen, qué edad tienen, y oliéndolas sabe si fueron cortadas a tiempo o a destiempo y les adivina los posibles contratiempos.
El es carpintero desde que hacía sus propios juguetes en la azotea de su casa del barrio de Cayo Hueso. Nunca tuvo máquinas ni ayudantes. A mano hace todo lo que hace, y de su mano nacen los mejores muebles de La Habana: mesas para comer celebrando, camas y sillas que te da pena levantarte, armarios donde a la ropa le gusta quedarse.
Orlando trabaja desde el amanecer. Y cuando el sol se va de la azotea, se encierra y enciende el video. Al cabo de tantos años de trabajo, Orlando se ha dado el lujo de comprarse un video, y ve una película tras otra.
No sabía que eras loco por el cine le dice un vecino.
Y Orlando le explica que no, que a él el cine ni le va ni le viene, pero gracias al video puede detener las películas para estudiar los muebles.
Eduardo Galeano.