El viernes se cae a pedazos pero la página se abre para completarse a letras. Quizá deba retractarme, soy yo la que se cae a pedazos después de una semana de vértigo, con VE de Vida, para resumirlo de la mejor manera.

El poema murmura algo pero no puedo entenderle, habla entre letras, o entre dientes de acero. Ha tomando la costumbre de murmurar para hacerse notar, pero no se puede escribir nada digno.

Antes que los comentaristas me lo marquen, no debo preocuparme más que lo que la propia luna me preocupa.

Salí al jardín para mirarla, por una cuestión de compromiso. Entonces comprobé que, tenga la forma que tenga, no deja de ser la de siempre, la de toda la eternidad y ni siquiera necesita un baño de relajación para mantener la tersura.

Ahora sí estoy convencida de mi humanidad de hormiga, ahora sí le entrego mi alma al Tiempo para que no le deje ninguna marca.
El poema ya no murmura, sueña juventud eterna.