Hubiera preferido que el señor de cara inexpresiva no haya levantado la vista del papel cuando me preguntó el destino. Tenía yo el aliento efervescente después de darme cuenta que llegaría tarde al aeropuerto y habiendo emprendido una carrera biónica hacia la ventanilla.
Aquel funcionario sin asunto más que un trabajo mecánico me miró justo en el momento en que uno de mis pensamientos dominaba el área principal del cerebelo, comprometiendo la respuesta a onomatopeyas varias. Creo que me preguntó el destino, seguramente, como ocurre en esos casos pero mi viaje más tenía de clandestino que de número administrativo.
Me habían invitado al Planeta Amor, nuevamente, esta vez como corresponsal de Tierra, y aquello se tornaba extravagante.
Claro, el funcionario no tenía por qué saberlo.
Puedo recordar aquellos ocho capítulos de mi viaje anterior y la ocurrente pregunta de alguien sobre su origen..."¿fue escrito por tu relación con..?" Vaya pregunta, si soy una viciosa de la metáfora y una poeta empedernida...

Además, un buen escritor jamás revela las bambalinas de sus párrafos!
Pronta para el viaje, prometo la dosis justa de fantasía sin que empalague...