En mi primer día de trabajo, a media hora de llegar, un señor preguntó por mí. No lo conocía, le pregunté qué deseaba.
-"No, no es nada relacionado con esto" - dijo señalando el comercio - "usted es hija de...?"
-"Mi papá falleció hace dos años" - le ayudé.
El señor, con un gesto de haber dado con la persona indicada abrió un maletín y sacó una foto en blanco y negro.
-"A ver si reconoce a este gordito" - dijo, sonriente.
Y más sonriente aún estaba mi padre, Ricardo, con la túnica del liceo, en medio de todo el grupo de compañeros. La foto tenía más de cincuenta años.
-"Yo no estoy ahí porque justo ese día estaba con fiebre, pero conseguí la foto y hace poco la traje desde la casa de mi madre, con otras fotos".
Le agradecí muchísimo su gesto, guardó su foto y se despidió. Había llegado hasta allí sólo para mostrármela.
Hace doce años compartíamos en familia un comercio con iguales características a éste. Es increíble la astucia con que mi padre, desde su escritorio de estrellas, me ha avisado que está tan feliz como yo, que voy a aprender mucho en esto y que la sonrisa es la mejor túnica que podemos vestir en esta vida.
Hoy sí que es un gran día.