Hace apenas unos días que he recibido en mi cara a las primeras e impertinentes arrugas. Sabía que algún día se iban a colar por la puerta grande con miras a acampar en los mejores lugares. Lo que nunca se sabe, con ellas, es el día y la hora, en una especie de apocalipsis de la belleza escrito desde el principio de
mis tiempos. UFA, si se me permite la expresión.
Recordando un viejo escrito en el que - casi - les daba la bienvenida "el dia que lleguen", pues hoy estoy a punto de apretar el "borrar", convencida de que uno escribe disparates fácilmente refutables.
A estas energúmenas, que se acomodaron a los lados de mis ojos, sólo les puedo agradecer - espiritualmente hablando - los años de risas que las formaron y las seguirán acentuando. Porque a cada gesto de defensa que pueda poner frente a ellas le corresponde, como mínimo, otro par de arrugas, las ceñudas, VÁLGAME DIOS encontrarlas algún día... a ésas si que habría que prevenirlas con las cremas para los lunes por la mañana o las inyecciones de felicidad, que no duelen y se administran por instantes...
A las ceñudas, pues, les aviso que el camping está reservado para....no, no voy a tener más que éstas, cosa rara de la naturaleza, vio?