Lejos y cerca, él me recorre palabra por palabra.
Cada vez más cerca, mi cuerpo tibio/caliente se dispone a la recorrida entre el cofre de sus brazos, para encontrar los tesoros que algunas letras no se atreven a dar a conocer.

A escasos centímetros, se me dificulta el habla. Me gusta encontrar el punto de la mirada en que habla el silencio.

(Las letras nuevas prometen llegar cada vez que las invoque y todavía soy ilusa frente a ellas).

En la delgada línea que nos separa tantas veces, que se entrecruza cuerpo a cuerpo para colorear el presente, su masculina presencia me recuerda que hay poema ahora.

Me alejo de la situación y añoro sus manos, únicas e intemporales para mí.