Cada vez que planeo postear "Amor de frutas" de Giocconda Belli, uno de mis poemas preferidos, me cuestiono esto de mezclar profesiones y los glúcidos y vitaminas se me asoman entre un verso y otro como fantasmas de la nutrición. No, no, debería remediar esta crisis. Afuera lo catedrático.
Lo cierto es que al hombre de mi jardín solitario, a él precisamente, querría aclararle cuales son mis frutas preferidas entre los manjares de sus besos.
Y no lo hago, para guardar dulzura lejos de las palabras y utilizarla en el silencio del encuentro, porque la poesía está escondida detrás del portón y él no sabe que lo sigue mientras camina y porque hay manzanas que me tientan como Eva en el paraíso justamente mientras está pisando el césped.
Como un Adán contemporáneo, ese hombre huele a duraznos y frutillas y no hay serpiente que se oponga. "Primero el placer, luego el deber" susurra socarrona y eso me recuerda que - para los chinos - este animal astuto me rige el ascendente. Afuera lo catedrático, venga la Poesía.
Con el auspicio de Giocconda, intentaré, para la próxima, alabar a la madre naturaleza en toda su creación y dirán sus versos - no los míos - qué vulnerable me he puesto, de un tiempo a esta parte, a la dulzura de Adán. Estoy frugívora.