¿ Y si en lugar de quejarnos y entristecernos por la crisis del país hacemos poesía durante un mes entero? Hace diez años esta pregunta nacía entre un grupo de amigos aficcionados a las letras que se reunían en el viejo Centro Bar, propiedad de Felipe Vener, de la ciudad de Paysandú, Uruguay.  Alguien recordó: "Fuera locura, pero hoy lo haría; atar un moño azul en cada árbol/ ir con mi corazón de calle a calle/ subir a los pretiles/ gritarles que los quiero..." y así el poema de Líber Falco, nacido un 4 de octubre, se hizo emblema.

Fue Felipe que aportó el nombre: Sueñapalabra.

Y salimos a atar un moño azul en cada árbol para avisarles a todos que el festival de poesía más largo del mundo, durante todo el mes de octubre, comenzaba.

En Paysandú octubre habilita a los niños de las escuelas a hacer poesía a su antojo, a "enmoñar" las plazas . A los jóvenes, a subirse a los buses a repartir poemas, a llevarlos al hospital, a la cárcel, a leer y releer a sus autores predilectos.

En octubre siempre nace un poeta. Al menos un sanducero se anima y anuncia que escribe poesía que guarda en un cajón.

Siempre recordamos aquella madre sentada en los escalones del Centro Bar, que mientras amamantaba esperaba el momento de avisarnos que ella tenía varios poemas escritos, con humildad y brillo en los ojos.

También fue un emblema la vaca con un moño azul en el lomo que pastaba en un campo cercano a la ciudad y la almacenera que todos los días de octubre ocupaba su pizarrón con algunos versos entre la verdura y la fruta anunciada.

Sueñapalabra somos todos, porque la poesía vive en nosotros desde la primera vez que escuchamos algún verso.

Este año, como en otros tantos, el afiche fue diseñado por Fernando Irecio. Y nos reunimos en la Alianza Francesa todas las semanas para agendar los eventos que se van autogenerando en la ciudad.

¡FELICITACIONES SUEÑAPALABREROS POR LOS DIEZ AÑOS, QUE LAS PALABRAS NO DEJEN DE SOÑAR!